Me encanta recordar cuando posé para esta sesión de fotos, la felicidad -reflejada en mi gran sonrisa- recorría todo mi cuerpo, me tomaba en sus brazos, y lograba que soñara con que el mundo podría ser mío; sin embargo, el sentir que estaba en la cima, logró que mirara hacia abajo y cayera en cuenta de la complejidad que representa existir. Por un momento volé, luego caí abruptamente, la infinitud del universo terminó por aturdirme.

Esta fotografía fue tomada segundos antes de mi caída; a pesar de que me veo muy tranquila, un montón de dudas existenciales pasaban por mí, y yo sólo esperaba a que el fotógrafo -un gran amigo mío- anunciara que todo había terminado. Tal vez para ti no tenga sentido, pero es difícil ¿sabes? desprenderse del miedo que provoca existir, y más cuando comienzas a ser de verdad, a cumplir tus sueños, a arriesgarte.

Llevaba pocos días de haber comenzado a "escribir profesionalmente", había dado ya dos shows de stand up -explicaré esa parte de mí en una futura publicación- y a la semana siguiente me iban a realizar una entrevista. Todo se dio tan rápido que olvidé disfrutar el proceso, hasta que de pronto me encontré posando para armar un portafolio, ya que los organizadores de un evento importante me lo pidieron. En menos de un mes pasé de ser sólo Adriana, a formar parte de una gran comunidad de artistas independientes, que me hacían sentir como si nunca hubiera tenido dudas sobre salir del closet literario -hay una entrada dedicada a salir del clóset, te la recomiendo- por ello simplemente sentía cómo iba subiendo igual que la espuma.

A este punto debo agregar que posar me fue complicado, mis inseguridades afloraron, me sentía gorda y fea, por lo que comencé a caer. Esto comenzó así, criticando a mi cuerpo; sin embargo, continuó con una crítica a mi existencia, una posterior reflexión sobre los infinitos caminos por donde me llevaría el universo, y el análisis de cuán probable sería que mi arte trascienda.

Mis expresiones faciales cambiaron, dejé de sonreír y me quedé allí entre las hojas, pensando seriamente en lo que traería el futuro. Ramiro -el fotógrafo- tras comprender mis miedos, dijo algo que nunca voy a olvidar: "al final nuestra existencia nunca trasciende para el universo, en realidad, sólo existimos para nosotros y a quienes conocemos". 

La sesión continuó, las inseguridades se fueron y mi estabilidad regresó. Claro que sentí más cosas, pero no están definidas por esta fotografía, así que mira las otras para que puedas comprenderme mejor. Sí, hay una conexión, como con todo en este universo infinito.