Las rosas me hirieron con sus espinas, así que decidí sentarme en esta banca -también estaba cansada, las sesiones son agotadoras- junto a mis libros favoritos. A diferencia de la primera fotografía -lee Infinito, es el inicio de esta reflexión- en esta mi expresión es auténtica, me siento realmente feliz debido al reencuentro emocional producto de la caída que tuve.

Mientras posaba, el fotógrafo me recordaba cómo nos habíamos conocido, y la evolución que tuve en el tiempo que llevábamos siendo amigos. Me contó cómo fue cuando habló conmigo por primera vez, mencionó que sintió una gran fortaleza opacada por el miedo a ser yo misma; pero que mientras pasaba el tiempo, comenzaba a deshacerme de aquellos obstáculos -impuestos por mí misma- que me impedían crecer. En ese momento, mientras recordaba todo lo que había pasado, Ramiro agregó: "mírate ahora, te hago una sesión de fotos para un evento importante. Qué loco ¿no?", eso logró la sonrisa que ves aquí, y un posterior reencuentro espiritual.

Gracias a ese comentario, en menos de dos horas había comprendido que debía empezar a valorar, y recordar cuando quería lo que comenzaba a tener en ese momento. Ahora, mi pregunta es la siguiente ¿recuerdas cuando querías lo que tienes ahora?